Familia, consejos sobre cómo actuar con nuestros hijos

Familia: hijos dictadores
En el afán de poner límites no hay que exagerar. La autoridad no se expresa a través de la imposición y defiende la negociación basada en la comprensión mutua de valores, actitudes y modelos de comportamiento. El tan mentado equilibrio… cuando los padres ceden continuamente, estos no suelen interiorizar el significado de frustración y desconocen como enfrentarse a los problemas. A la inversa, cuando se imponen demasiadas reglas, se corre el riesgo de que los hijos crezcan inseguros y con una personalidad dependiente.
¿Qué es autoridad?
Según el diccionario la autoridad es. “Potestad, facultad. Poder que tiene una persona sobre otra que le está subordinada. Persona revestida de algún poder o mando”. Etimológicamente, se deriva de “auctor” y de “augere” (aumentar, hacer crecer).
Pero depende el enfoque que se le dé en su alcance: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No será así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” manifiesta Jesús en los Evangelios (Mt 20,25-27) dejando clara una versión de autoridad en términos de servicio y no de mando.
Cuando hablamos de autoridad paterna, queremos involucrar la fuerza para sostener y acrecentar a los hijos y su desarrollo personal. La autoridad de los padres no somete: es una influencia positiva que sostiene y acrecienta la libertad y responsabilidad de cada hijo.
Por eso es fundamental y necesaria: hay que animarse y tener fortaleza, capacidad de decisión y coherencia para ejercer la autoridad frente a los chicos y, así, ayudarlos a crecer.
El miedo a los hijos
Por miedo, no por bondad surgieron los padres permisivos, afirma alguien que sabe. Entonces pensemos, ¿Cómo actuar frente a los hijos? ¿Conservar las viejas estructuras o caer plenamente en las nuevas? ¿Cómo encontrar el equilibrio?
Un día escribió Kafka una carta al padre, y lo fustigó. Después se publico y aplaudimos fervorosamente. En ese clima nos criamos, en el de los padres culpables y el de hijos absueltos, a priori…
Y es cierto, los padres son los culpables. Culpables de hacerse culpables. Culpables del miedo, el miedo de educar, de expresarse libremente por no invadir la intimidad del libre crecimiento del hijo, el miedo de cercenar sus derechos de influir. Culpables de no ser padres o de serlos únicamente a la defensiva… Nos sentimos liberados de miles de prejuicios, pero por otra parte estamos maniatados por el no – saber – que – hacer. El miedo paraliza. Y no le hace bien a nadie. Tampoco a los hijos.
Claves para poner límites
Poner límites no significa que haya que ser estrictos, sino evitar que los chicos crezcan tan consentidos que no puedan tolerar las frustraciones o se transformen en muy malos perdedores. Según un informe generado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción de España el 15% de los padres y madres no están satisfechos con la educación de sus hijos.
Hay algunos ítems que conviene tener en cuenta cuando de poner límites se trata:
- Aprender a negociar
- Conocer (los adultos) los propios limites
- Saber decir ‘no’
- Ser coherentes
- Escuchar y mimar al chico
- Resaltar lo que se hace bien
- Poner límites con sustento
- El mejor antídoto es decir a los hijos que les queremos y hacer que se sientan queridos y amados, pero sabiendo que lo que hacen no siempre está bien.
