Ellos cientificos / Ellas lectoras
A raíz de un estudio realizado por la UNESCO sobre lectura, matemáticas y ciencias naturales entre chicos y chicas de 16 países se pudieron ver diferencias entre ellas y ellos.

Cerebro
Las mujeres hablamos más (esto no es ninguna novedad ¿no?), los hombres poseen un razonamiento matemático más correcto. El cerebro del hombre parece que tiene más neuronas (mmm), pero las mujeres poseemos más conexión entre sus lóbulos.
Evolutivamente las mujeres al optar por quedarnos en casa cuidando a nuestros hijos desarrollamos una mejor comunicación, en cambio los hombres, al ser históricamente el proveedor de alimentos desarrollaron otras habilidades. Esto a través de los años ha cambiado notablemente.
Quizás estas tendencias pueden ser vistas como algo cultural ya que en los países donde hay menos diferencia entre mujeres y hombres se ve, por ejemplo, que en áreas como las matemáticas están mejor posecionadas.
Según una investigadora del Conicet en los países donde hay menor discriminación los chicos rinden más.
Algunas de estas diferencias se pueden explicar en el origen evolutivo ya que las mujeres fuimos criadas para dedicarnos a las tareas domesticas, a leer más, a ser más prolijas en nuestras tareas. En cambio, los varones fueron inducidos desde más pequeños a practicar deportes, a realizar tareas donde se usa más la matemática.
Desde el punto de vista neuroanatómico, los varones tienen un cerebro más grande (¡Sí, para su felicidad!) pero nosotras lo tenemos más pesado (ja ja ja).
Aunque tengan 4 billones más de neuronas que nosotras, nosotras poseemos más materia gris y hemisferios mejor conectados.
Ahora, también existen una serie de factores socioculturales que nos hacen diferentes. Los hombres basan sus expectativas en el “tener” en cambio las mujeres solo fantaseas con tener.
Todas estas diferencias plantan un buen desafío para aquellos educadores que tendrán que tratar a futuro que las diferencias no sean tan notorias. Si bien cada sexo tiene sus cosas buenas hay que tratar de disminuir estas cosas que nos distinguen. Ahora aceptamos que por razones evolutivas, genéticas, culturales somos diferentes. ¡Y eso también está bueno!
